© 2019 Bertrand Chavarria-Aldrete

Ruido/Ruina - música melancólica

“Le fou a beau entendre
beaucoup des choses sages,
il n’augmente d’une once
le poids de sa sagesse;
il fait des éxperiences
mais n’en tire profit...”

Extracto de: De ceux qui restent fous aujord’hui comme hier
Das Narren schyff - Sébastien Brant (1457 - 1521)
Ed.  La Nuée Bleue, Trad. Madeleine Horst


La pobreza de nuestra experiencia y el vacío que existe sobre la cultura musical universal han llevado a separar a la sociedad de los pensadores/creadores del arte musical actual. La complejidad de la estética musical y el ahínco del verdadero artista en reunir conocimientos aleja a estos de una sociedad que se vuelca al desamparado terreno de la ignorancia y la rápida satisfacción. Estos artistas manejan, interpretan y componen con parámetros alejados de una erosionada y esclerotizada escucha de la música clásica, impidiéndoles conectar su arte con los oídos sordos que les rodean.
 

“Bous, bous, bous, paisch! hu, hu! hu, ha, ha! ha! ha! ha! Je naye! Zalas, Zalas! hu, hu! hu, hu, hu, hu! Bebe, bous, bous, bobous, bobous, ho, ho, ho, ho, ho! Zalas, Zalas!”

Le Quart Livre - François Rabelais (1494 - 1553)
Éditions du Seuil - Colléction Poin
ts
 

El peso de la (falsa) historia de la música clásica en occidente impregnada en las grandes masas favorece el desconocimiento del arte musical, incluso en mayor grado que la omnipresencia de las músicas comerciales. A día de hoy, muchos profesionales de la música clásica nacen con el objetivo de divertir a una sociedad afelpada; monos de feria que evocan una brillante reflexión con su fétido olor, royendo la música y convirtiéndola en un escombro nominal y putrefacto.
 

“Pour qui sont ces serpents qui sifflent sur vos têtes?”
Andromaque - Racine (1639 - 1699)
Editions Flammarion - Collection Librio
 
 
El desfase entre el artista contemporáneo y su sociedad no es una novedad, pero la cantidad de información que hay disponible sí lo es: arma de doble filo, el verdadero artista la podrá aprehender y la ciega sociedad ignorar.

Tomando en cuenta que el ruido en grandes términos es una señal auditiva que entra en conflicto con el conocimiento, la atención o las expectativas del sujeto, podemos comprender que la sociedad califique de ruido la música que le resulte ininteligible, y más aún, cuando ésta no sólo es compleja e imprevisible en el tratamiento de notas, ritmo y duraciones, si no que incluso elementos auditivos como la palabra, el ruido (voluntario) y aspectos no dirigidos a la escucha (gesto, disposición, tratamiento instrumental) se encuentran imbricados en el (y no simplemente adheridos al) discurso musical actual, expresando así una idea estética, reflexión o pensamiento.
 
 
“Cuando se acerca el mediodía, las sombras son todavía bordes negros, marcados, en el flujo de las cosas, y están dispuestas a retirarse quedas, de improviso, a su armazón, a su misterio.”
Kurze Schatten - Walter Benjamin (1892 - 1940)
Taurus Ediciones, Trad. Jesús Aguirre
 
 
La escucha de un discurso musical profundo podría llevar a la confusión de pensar que este arte va dirigido sólo a músicos que puedan entender el significado de la obra; yo no lo creo: la música no es un idioma, el cuál al ser dominado y comprendido, cualquier sonido es capaz de expresar una idea clara y reproducir una imagen única y definida en el intelecto. Algunos especialistas han especulado últimamente que es poco probable que el lenguaje estimule los mismos conductos del cerebro que los animados a través de la música.

Un sonido puede, reduciéndonos al campo de la música, tener un sin fin de aplicaciones o significados; si añadimos la misma historia de la música, las diversas culturas y nuestra propia experiencia, deducimos por lógica que no es posible interpretar de una sola y única manera un sonido; por lo tanto se vuelve ambiguo, pero a la vez universal.
 
 
“La huella es una notación rítmica del ruido. Caminar sobre el suelo en masa es la primer danza y ella no es de origen humano.”
 
La haine de la musique - Pascal Quignard (1948)
Editions  Gallimard - Collection Folio
 
 
El discurso musical de los pensadores que trabajan cuestionando o redimiendo el pasado, los ha llevado a reconsiderar el sonido; a escuchar cómo la nota y la música se han ido deteriorando y desmoronando con el paso del tiempo. Ahora, de todo ese pasado sólo quedan ruinas: con esas notas corroídas y vestigios sonoros se construyen las nuevas catedrales melancólicas, (re)utilizando materia, experiencias propias y nuevos conocimientos a través de una aleación única.

Los ecos y evocaciones de un pasado y nuestra experiencia están ahí, pero el peso de la historia así como la ignorancia nos impiden ser capaces de entrever e incluso pretender vislumbrar el misterio que envuelve al pensamiento humano en su faceta artística. Esas nuevas señales sonoras nos regalan la opción de reconciliarnos con nuestra propia humanidad, gracias al enigmático estimulo que un sonido puede excitar en nuestra propia sensibilidad y pensamiento.

 
Bertrand Chavarría-Aldrete
Salamanca, marzo de 2011
sublime
 
 
“En realidad es grande sólo aquello que proporciona material para nuevas reflexiones y hace difícil, más aún imposible, toda oposición y su recuerdo es duradero e indeleble.”

Sobre lo sublime
¿Longino? (aprox. Siglo III a.C. y Siglo I d.C.)
 
 
(Esas “nuevas reflexiones” son imperativas para permitir que el arte siga vivo en nuestros días. La nueva creación nos permite comparar lo previo descubriendo así la modernidad del objeto, tal labor de responsabilidad social es la que debe llevar a cabo el artista en todas sus facetas creativas.)
 

“Para los artistas experimentales del tipo de Leonardo y de los innovadores musicales, la ciencia significaba el camino hacia el arte verdadero, que para ellos era también el de la verdadera naturaleza. Había que elevar el arte a la categoría de la ciencia, y esto significaba sobre todo que, por su rango social y el sentido de su vida, el artista tenía que ser equiparado con el doctor. Ésta es la ambición que yace en el fondo del Tratado de la Pintura de Leonardo.”
 
El político y el científico
Max Weber (1864-1920)

 

(La complejidad en el arte no es una modernidad, el creador rompe los parámetros para sentirse vivo , dejando así de ser un simple artesano del lenguaje. La humanidad actual es compleja debido a la cantidad de información que tenemos acceso: una enciclopedia universal -internet- que no padece de margen de error en su búsqueda, dicho instrumento actúa con doble filo: la perfección y precisión han matado la curiosidad creada a través del error humano. El artista debe (h)errar los conocimientos preestablecidos para crear con originalidad, cuestionando, encontrando así un “arte verdadero”.)
 

“Yo digo que la música antigua era más comprensible, y menor varia que la moderna: que tenia determinados aires según los afectos: que acostumbradas las gentes a alegrarse al oír unos, a entristecerse o alborozarse al oír otros, podría de esta suerte causar tales efectos...No sucede así con la música moderna, que hecha algarabía, no sabemos lo que pide. A tal estado la ha traído la destemplanza de nuestro apetito, que queriendo siempre mejorar de gusto variando de sabores, vicia el estómago y estraga al paladar.”
 
 
Comentario “Sobre lo Sublime” de Longino en la primera edición en español traducida del griego (1770).
Manuel Pérez Valderrábano (1744-¿?)
 

(La sociedad e incluso ciertos círculos intelectuales rechazarán la modernidad en el arte y esa lucha constante forma parte de la vida del artista contemporáneo, dicho comentario data del año en el cuál nació Beethoven, año en que Mozart realizaba sus famosas giras por Italia, dos años antes de que Haydn escribiese su Sinfonía “Los adioses” y veinte años después de la muerte de J. S. Bach. Dichos argumentos historiográficos nos obligan creer en el arte de nueva creación.)

“...la naturaleza que habla a la cámara no es la misma que la que habla al ojo.”

La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica
Walter Benjamin (1892-1940)

 

(Tenemos la suerte de aún poder vivir la música y su creación, “la naturaleza que habla al micrófono no es la misma que la que habla al oído” dejemos que nuestra propia experiencia nos permita escuchar sin filtros técnicos ni culturales lo que los artistas-pensadores nos ofrecen.)
 

Una voz me llega de Seir, en Edom:
“Centinela, ¿Cuánto durará la noche aún?”
El centinela responde:
“La mañana ha de venir, pero es noche aún.
Si queréis preguntar, volved otra vez”
 
Profecías
Isaías
 

(La música está muriendo a manos de los propios músicos; “es de noche aún” no esperemos a mañana y tomemos inmediatamente acciones que beneficien a la música.)
 

Bertrand Chavarría-Aldrete
Salamanca, noviembre de 2013
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